
“Por aquel tiempo antiguo, en San Pedro la Laguna, había un cazador que se llamaba Salvador Cuaín, que tenía fama de buen cazador, nunca regresaba sin nada, su pulso era bueno, le pegaba a todo lo que veía.
Pero nunca imagino que el señor del cerro se burlaría de él y dijo el señor cuando lo vio cazar; -Ya vino otra vez, mi hijo a cazar venados-.
Al dueño de los cerros le gustaba que antes de que saliera (Leer más…)


