
Quienes han visitado la población de Panajachel, se habrán podido dar cuenta del enorme cambio operado de unos años atrás a esta parte.
Tan solo unos años atrás, el turismo sufría para llegar allí, porque las carreteras de acceso estaban en estado lamentable. Nubes de polvo cubrían todo el camino desde la cabecera departamental.
Hoy, se puede con todo orgullo mencionar que la carretera está completamente repavimentada y ampliada en muchos tramos donde antes se hacía difícil rebasar. Del cruce de Los Encuentros hasta Panajachel se hacen aproximadamente unos treinta minutos, a velocidad normal y cuidando los riesgos de las pendientes y curvas que siempre ha mantenido el camino.
En este bello pueblecito situado en las márgenes del Lago Atitlán, viven innumerables personas de todas las nacionalidades, por su tranquilidad, la belleza de su paisaje incomparable, su folklore y la delicia de su clima.
Pero no solo la carretera ha sido remodelada; también las calles de Panajachel y su playa pública. Está como los panajachelenses la deseaban: con varias casitas que sirven de comercios, amplio parqueo para vehículos de todos tamaños y muelles para las embarcaciones.
Ha crecido la demanda de casas en alquiler y locales comerciales. El comercio de telas típicas y la confección de ropa, es uno de los negocios más importantes, hoy en día, en Panajachel. Muchos comerciantes indígenas han florecido con grandes tiendas que exportan hacia EE.UU. y Europa. Abundan los hoteles, restaurantes, casas de huéspedes, etc.
Pero también hay pequeños vendedores de típicos que andan por las calles y principalmente la Santander, que es la calle principal; corretean detrás de los turistas y la ofrecen en un “spanglish” (español-inglés) a los viajeros de buses o de mochilas.
Panajachel, pues, ya no es aquel pueblecito tranquilo; hoy a cualquier hora del día, se observa actividad. Hay vida nocturna también. Podríamos mencionar los distintos “modusvivendi” de la gente que trabaja aquí. Aunque para muchos comerciantes hay mucha competencia en cualquier negocio, algunos dicen: “que para todo dá Dios”. Es tierra bendecida por San Francisco de Asís y por la virgen María, como la dedicara el compositor sololateco Guillermo Fuentes Girón en su canción “Panajachel”.
Fuente: Comerciante Latinoamericano.


